No "Hay que tomar a los padres"

"Hay que tomar a nuestros padres"; "Hay que honrar a nuestros padres". Por mi propia experiencia, tanto como paciente como terapeuta, no creo que sea acertado usar estos términos en el ámbito terapéutico. De entrada porque tenderemos a asociarlo con el mandamiento "honrarás a tu padre y a tu madre", que tanto daño ha hecho, pues obliga a honrar a unos seres por el hecho de haberte engendrado, independientemente del trato que hayas recibido de ellos.

Ya Freud tuvo problemas cuando sugirió que ciertas psicopatologías de sus clientes tenían como origen los traumas debidos al maltrato recibido por parte de sus progenitores. Hay que tener en cuenta que él atendía a mujeres de la alta sociedad cuyos tratamientos eran pagados por sus padres. Aquello le hizo “suavizar” sus teorías, pues no eran políticamente correctas.

Posterior a Freud, Alice Miller, fue la primera que habló de las consecuencias de seguir la creencia “honrarás a tus padres”. Lo explica muy bien en sus libros, en los que expone como el maltrato y abuso recibido de los padres es el origen de muchas psicopatologías. También habla de que en la historia de la psicoterapia ha sido históricamente un tema tabú para los propios terapeutas, los cuales evitan tocar el tema en consulta cuando sus clientes abrían asuntos de abuso sexual. Digamos que los padres eran intocables. Tocarlos sería pecado según la iglesia, sería sumamente doloroso y además cuestionaría a los propios terapeutas como padres.

Yo empecé mi proceso terapéutico y formativo en 1999. En aquel año conocí a Joan Garriga en un retiro. Él acababa de venir de conocer a Hellinger. Realizó conmigo, según sus propias palabras, su primera constelación. Conocí a Hellinger en su primera visita a Sevilla en el 2000 y al igual que muchos de los que estábamos en aquel residencial “lo tomé” y participé en todos los talleres, encuentros, formaciones, etc. de constelaciones que organizaban Joan Garriga, Ramón Resino y Luis Fernando Cámara en Sevilla.

En 2001 asistí al SAT 1 con Claudio Naranjo, donde se hacía entonces el proceso Fisher Hoffman. Fue un proceso muy duro, al puro estilo gestáltico. En un punto del proceso dedicamos un día completo a hacer “descargas” de los introyectos paternos, vamos, lo que es pegar palos gritando frases de negativa a las creencias que venían de nuestros padres (no a ellos). Al año siguiente ese ejercicio fue cambiado y adaptado tomando una forma más suave, ya que quienes lo guiaban se convirtieron en discípulos de Hellinger. Como en tantas ocasiones en mi vida, yo estaba ahí justo antes del cambio y me tocó lidiar con las contradicciones.

En 2006 abrí el centro de Desarrollo Personal Espacio Abierto (que cerré hace un año) y no dudé en organizar cursos de Constelaciones Familiares en ese, mi centro, ya que seguía “Tomando a Hellinger”. Sin embargo, paralelamente en mi consulta como terapeuta me daba cuenta de que había algo que no iba bien. Digamos que, cuando lo consideraba oportuno, usaba ejercicios de Constelaciones tales como “tomar al padre y a la madre”…

No, algo no iba bien, aquello no terminaba de llegarme… en definitiva, más allá de la teoría, no funcionaba. Los clientes “obedecían” pero no funcionaba. Y cuando digo no funcionaba me refiero a que no se produce el cambio profundo que el cliente necesita. Gracias a Dios, me di cuenta muy pronto y cambié mi método, usando, de lo "tomado de Hellinger", sobre todo, la parte referente al orden familiar, cosa que sigo haciendo a día de hoy.

Hasta que en el año 2010 viví experiencias en todos los ámbitos de mi vida que me hicieron darme cuenta de que tras muchos años de terapia, supervisión y formaciones supuestamente de alto nivel terapéutico, yo nunca había trabajado el maltrato y abuso recibido de mis progenitores. Y no porque no lo hubiera sacado en terapia, sino porque los terapeutas “salvaban a mis padres”. Es como dijeran aquella frase conocida de "yo, por tus padres... maaa-to".

Me sentí constantemente juzgado, culpado, humillado... al igual que cuando era pequeño y como todos los niños maltratados, cargan con la responsabilidad de lo que recibieron.

El detonante de mi despertar fue un hecho que nunca olvidaré. En una misma semana tuve cinco entrevistas con personas que traían el mismo tema: abusos sexuales. Los cinco iniciaron terapia conmigo. Menos de un mes después, los cinco ya habían abandonado el proceso. Cuando eres terapeuta y te pasa algo así, si no te lo miras, vete a trabajar a Glovo (bueno en aquel entonces hubiera sido trabajar en Telepizza).

Tuvieron que pasar hechos aún más devastadores para que pudiera darme cuenta de que el problema no era que fuera un seis (según el Eneagrama de Claudio), que no hubiera tomado a mis padres (según mi terapeuta de entonces) o que no tuviera bien alineados mis chakras (según Río Abierto). No, el problema es que había estado viviendo toda mi vida con TEPT; con un severo trastorno de estrés postraumático producido por los maltratos y abusos de todo tipo que había recibido en mi infancia. Yo era verdaderamente una víctima y vivía mi vida rodeado de personas y en entornos que me victimizaban aún más (es lo habitual cuando no se resuelve). Y ningún terapeuta “abrió ese melón”. ¿Por qué? Ahí lo dejo… en realidad cuando sacaba asuntos sobre el Mobbing que estaba sufriendo por parte de mi socia, la respuesta era “da las gracias por lo que has recibido y no vayas de víctima”.

Decidí, alejarme de esos “espacios de Desarrollo Personal” y es la mejor decisión que tomé en mi vida, la más sanadora para mí.

Desde entonces vengo investigando, formándome, trabajándome, sanando mi herida de maltrato, haciendo el duelo de lo que no recibí.

Empecé con Alice Miller y después “El niño Interior”, la Neurociencia, la Psiconeurobiología, la teoría del apego, la terapia del trauma, etc. Actualmente gran parte de mis clientes vienen para sanar sus heridas de abuso y maltrato desde un enfoque al que denominó “Terapia Esencial para el Autodesarrollo”.

Desde mi enfoque, el proceso consiste en ser consciente de que somos consecuencia del trato que recibimos de padres y otros cuidadores. En cada etapa de nuestro desarrollo tenemos unas necesidades y nos vamos configurando en la medida en que son cubiertas o no por ellos. Así, la mayoría vivimos con estrés postraumático como consecuencia de ese trauma de Desarrollo (trauma acumulativo o complejo) cuyo nivel depende del “no buen trato” recibido.

Para mí “NO HAY QUE TOMAR A LOS PADRES” sino aceptar lo que nos ocurrió y comprender que ellos fueron tratados aún peor porque somos una especie en evolución. Hemos llegado al zenit de la evolución física y quizás sea exagerado decir que en la parte psicológica estamos en pañales, quizás no lo sea decir que estamos en la pre-adolescencia.

Y aquí estamos, en este proceso de tomar cada vez más consciencia para poder sanarnos, sanar nuestros traumas y colaborar en que algún día todos tengamos “apego seguro”.

El problema está en que confundimos responsabilidad con culpabilidad. Nadie tiene la culpa porque todos hacemos lo que podemos. Hacemos lo que nuestro nivel de conciencia nos permite. Eso sí, no éramos responsables de lo que nos ocurrió de pequeños; éramos dependientes, de eso va ser niños. Obviamente, nuestros padres hicieron lo que pudieron y eso no les quita la responsabilidad, porque de eso va ser padres.

La solución, el enfoque, no es tomar o perdonar (que siempre viene bien si se da de forma natural, sin forzar) sino crear interiormente esos padres que no tuvimos: reparentizarnos; tomando como modelo el concepto de la teoría del apego “una madre suficientemente buena”, y yo añado: y un padre “suficientemente protector”.

La función del terapeuta ha de ser la de desempeñar esos roles, acompañando al cliente hacia un darse cuenta de todo lo descrito anteriormente, encontrar estabilidad interna, confrontar el duelo de lo que no tuvo y que pueda soltar la dependencia que siempre tuvo mientras va encontrando y construyendo dentro de sí los recursos necesarios para reparentizarse, en definitiva tratarse a sí mismo con el suficiente cuidado y protección.

Rafael Guisado AUTODESARROLLO

¡Hola! Soy Rafael Guisado

Soy Terapeuta Humanista Psicocorporal. Formado en Terapia de Integración y Reprocesamiento del Trauma (modelo Aleceia del Instituto Aleces), Brainspotting, Movimiento Esencial, Gestalt, Mindfulness, Antonio Blay... La dedicación por más de 20 años a esta apasionante profesión, hace que cobre sentido todo mi pasado traumático. Mi propio proceso personal es lo más valioso que tengo para facilitar que puedas conocerte mejor, desarrollar tus recursos y expresar quién realmente eres, pues conozco gran parte del camino.

Consulta y Grupos en Sevilla - San Julián y online.

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