Hace ya algunos años fui víctima de una serie calumnias que destruyeron intencionadamente mi reputación como terapeuta. Es algo de lo que cuesta mucho recuperarse y en la actualidad es más complicado si además eres hombre y tus clientes son en su mayoría mujeres.

 Ahora, tras mucha investigación y atender a muchas personas en mi consulta, que han pasado, como yo, por algún proceso de Mobbing, se que hay que defenderse de estos ataques confrontando a la persona agresora y dando a conocer la verdad. Yo solo me concentré en intentar vivir mi vida con honestidad y esperar a que el tiempo pusiera las cosas en su sitio.

Compartirlo ahora, tras 9 años de silencio, me ayuda a cerrar ese círculo y al mismo tiempo deseo que sirva para que otros, a diferencia de mi, no se conviertan con su silencio, por indefensión aprendida, en cómplices (inconscientes) de estas actitudes psicopáticas que tanto daño nos hace a todos.

Compartirlo ahora, tras 9 años de silencio, me ayuda a cerrar ese círculo y al mismo tiempo deseo que sirva para evitar que otros, a diferencia de mi, se conviertan con su silencio, por indefensión aprendida, en cómplices (inconscientes) de estas actitudes psicopáticas que tanto daño nos hace a todos.

Desde el enfoque del trauma, está el daño y sus consecuencias (perdí a todos mis clientes por la desconfianza creada por la calumnia) y lo perpetúa el silencio pues nos coloca en un lugar de indefensión que si no se le pone consciencia y se resuelve, queda “atascado” manifestándose como estrés post-traumático. Un trauma lo es cuando sentimos que no tenemos recursos para confrontar la situación y nos paralizamos. En éste caso no sentimos que lo tengamos porque hay “indefensión aprendida”. El recurso que tenemos es confrontar y comunicar la verdad a los implicados (en mi caso mis clientes). De esa forma se libera esa energía traumática. Por otro lado es necesario tener a alguien que lo entienda y te apoye. Son las dos claves de la liberación del trauma: expresión y recibir apoyo empático.