Cada uno es responsable de lo suyo. Si el otro maltrata, el otro es responsable de hacerlo. En esa ecuación el que maltrata actúa como depredador y por lo tanto es peligroso para los no depredadores. El maltratado actúa como víctima pero no es responsable de que el otro maltrate sino de su autoprotección.

Todos podemos estar en momentos determinados en un lugar u otro. No obstante y debido al guión de vida de cada cuál, actuamos más frecuentemente en uno de esos papeles.

En el ámbito del Desarrollo Personal, si generalizo, he podido observar que quienes actúan más frecuentemente como depredadores tienen menos disponibilidad para emprender un sincero Proceso de Desarrollo Interior que quienes actúan como víctima. Y puntualizo como “sincero” porque veo muchos introducidos en los entornos del Desarrollo Personal asistiendo a cursos y formaciones (y terapia solo cuando la necesitan para certificarse) pero con la única intención de sacar mayor “tajada”.

Es por ello que cada día tengo más claro a qué tipo de personas dirijo mis servicios de Desarrollo Personal: aquellos “corderos” que quieren dejar de serlo.

Ayer alguien me dijo que un “cordero”, en su proceso tenía que convertirse en “lobo”. Creo que ese es el gran error que comete la humanidad debido a nuestra mente dual y polar e influenciada por el patriarcado. Así nunca termina este “ciclo del animal racional”.

Mirándolo desde ésta perspectiva (agresor/víctima) mi trabajo consistiría en facilitar que los “corderos” salgan de esa dinámica y conozcan, en principio, “el juego” y aprendan a protegerse para ir desarrollando, después, la seguridad interior y las habilidades de autogestión necesarias para poder desarrollar, con éxito, su propio proyecto de vida en éste mundo actual cambiante.

Me encantaría poder ayudar a quienes actúan como “lobo” pero desgraciadamente no suelen estar interesados. Y cuando vienen suelen hacerlo para manipular a sus parejas, a sus familias o a mi mismo.

Mi sueño es un nuevo mundo donde no haya corderos. Si salimos de esa dinámica, cada día habrá menos “comida” para los “lobos” y cuando eso ocurre la “especie” termina extinguiéndose.

Claro, puede que nos preguntemos -si no eres lobo ni cordero, ¿que eres?-. La respuesta a esa pregunta es muy simple: eres un ser humano libre.

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