Lo que ES, lo que ocurre aquí y ahora, lo que ha ocurrido, no se puede cambiar. Podemos actuar para que ocurran cosas en el futuro pero nunca lo que ES en el presente. Nunca sabremos con certeza lo que ocurrirá en el momento siguiente, que será el presente cuando ocurra.

Para el ego, lo que ocurre (el aquí y ahora) coincide, rara vez, con lo que deseaba que ocurriera y se empeña en cambiarlo con los “tendría” y “debería”. Las consecuencias de éste mecanismo es el estrés y de ahí a… la angustia, ansiedad, depresión, etc., etc…

Por ejemplo, -mis hijos tendrían que haber hecho su cama- es un pensamiento estresante e inútil que pretende cambiar el pasado. Puedo decir “mis hijos no han hecho la cama, ocurre a menudo y me gustaría que la hicieran cada día; voy a hablar con ellos para ver cómo lo podemos hacer”.

O si hace “mucha caló” (como en Sevilla) decimos -tendría que hacer menos caló, como el mes pasado- como si el pasado, lo que está ocurriendo y por lo tanto ya ha ocurrido, fuese algo que pudiera cambiarse. Y así, aquí en Sevilla, además de “pasar caló” estamos todos estresados por empeñarnos en “enseñarle a ladrar al gato” verano tras verano. No estresa la caló, estresa lo que nos decimos acerca de ella.

La vida ocurre hagamos lo que hagamos y pensemos lo que pensemos. Podemos oponernos a ella o abrirnos a experimentarla según se nos presenta. Tenemos el libre albedrío para tomar nuestras decisiones y actuar/crear, pero lo que ocurre en el “aquí y ahora” no es cosa nuestra: es el regalo que se nos da. Sí lo es el cómo reaccionamos a ello. Eso sí… lo mejor que podemos hacer es dar las gracias por cualquier cosa que se nos dé pues siempre será aquello que necesitamos para nuestro aprendizaje. Son los “asuntos internos” del SER.

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